La píldora del día siguiente
Aventuras con la píldora del día siguiente
Panchita presentó su pasada menstruación el 9 de septiembre, ella tiene 22 años y el miércoles 22 del mes referido, cerca de las 22:00 h., salió de la casa de sus padres con rumbo a una popular discoteca. Al llegar, se encuentra con su “casi novio” y después de dos horas de buen ambiente, ya con unas copas encima, deciden ir a casa del muchacho, donde tienen relaciones sexuales. Regresa a su domicilio aproximadamente a las 02:00 de la mañana, del 23.
Despierta, con un fuerte dolor de cabeza, recapacita de que tuvo relaciones “sin protección” y desesperada llama a su mejor amiga, misma que le recomienda pedir en la farmacia “unas pastillas”, para resolver su problema, así que armada de valor se dirige y sin ningún problema obtiene a muy bajo costo los medicamentos sugeridos, y siguiendo las instrucciones se toma su primera tableta en la tarde del 23 de septiembre, para que en la mañana del 24, tomase la segunda dosis.
Dos días después (26 de septiembre), presenta un sangrado parecido a una regla, aunque de menor cantidad y duración, (solo dos días). Sin embargo, su menstruación no se presenta el 7 de octubre como esperaba y presa del pánico, el 12 de este mes, acude al médico, quien le solicita unas pruebas hormonales (fracción beta de la hormona gonadotropina coriónica en suero), para verificar si está o no embarazada. El laboratorio las reportan como negativas, por lo que tranquiliza a Panchita y le sugiere que se espere unos días mas, y así el 24 de octubre, se presenta la tan esperada menstruación de aspecto totalmente normal, y así Panchita por fin logra dormir “en paz”.
¿Qué sucedió realmente?
En la mañana del 22 de septiembre, Panchita cursó por un evento maravilloso que fue su ovulación, y a las pocas horas de haberse expulsado el gameto sexual femenino, la trompa de Falopio de ese lado “capturó” al óvulo, de tal forma que cuando el “casi novio” de Panchita depositó mediante eyaculado su semen en el fondo de saco vaginal en la primera hora del 23 de septiembre, y los primeros espermatozoides llegaron a la región ampollar de la trompa -donde encontraba el óvulo- en los siguientes 20 minutos, el acrozoma de la cabeza del espermatozoide que fertilizó al óvulo de Panchita ya había penetrado la corona radiada y perdido su cola, de tal manera que aun antes de que ella despertase en la mañana del 23 de Septiembre, ya se había formado un “nuevo ser humano”, totalmente distinto a Panchita y a su pareja. En efecto, cuando Panchita tomó su primera dosis, de la “píldora del día siguiente” ya se había iniciado la multiplicación celular, pero la elevada dosis de progestágeno que ella ingirió, empezó a actuar sobre su endometrio haciéndolo intensamente secretor (productor de glucógeno), y en la mañana del 24, repitió la dosis haciendo mas intenso este efecto (secretor).
Así, al recibir dos dosis intensamente fuertes en un breve lapso, pero sin continuar con esta sustancia, el endometrio se retrae al consumirse todo el progestágeno, y consecuentemente se licua y se descama (se retraen los vasos sanguíneos y los productos líticos degradan al endometrio) presentándose una “menstruación”, de tal forma que cuando el 29 de septiembre el nuevo bebé llegó a la cavidad uterina (ya con forma de blastocisto), y se intenta implantar en el endometrio, pero este se encuentra en una etapa postmenstrual (también llamada proliferativa) y sencillamente, no puede implantarse y “cae” por el conducto cervical (cuello de la matriz). Y así se pierde una vida humana por los efectos de la píldora ingerida.