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La adopción

La adopción, importante servicio a la vida humana

Presentación

En el marco jubiloso de gracia con motivo de los 2000 años de la Venida de Cristo tuvimos la 2ª asamblea general, en la cual se eligió a la nueva directiva de la Asociación de Médicos Católicos de Yucatán (AMCY).

La directiva está constituida actualmente por los Dres: Jorge Rafael Castellanos Dorbécker (Presidente), Gregorio Cetina Sauri (Vicepresidente), Julio Iván Farjat Ruiz (Tesorero), y Mildred Eugenia Riera Palma (Secretaria). Auguramos un buen desempeño en las funciones asumidas.

A la vez, agradecemos la labor realizada durante dos años por el Dr. Manuel Echeverría Eguiluz, por el entusiasmo que demostró desde el principio en su cargo de primer Presidente de la Asociación y a su Directiva, los Dres. Luis Alberto Villanueva Méndez (Vicepresidente), Jorge Rafael Castellanos Dorbécker. (Tesorero) y José Dolores Hernández López (Secretario). En la XIV sesión de la Asociación entraremos a un tema interesante y delicado: la adopción como uno de los más importantes servicios a la vida humana.

En este boletín presentamos algunos párrafos de la Congregación para la Doctrina de la fe, donde se presenta la adopción como una ayuda eficaz a los matrimonios sin hijos y se ubica la adopción como un gran servicio a la vida humana junto con el auxilio afectivo, psicológico y espiritual que pueden brindar a otras familias y a los niños pobres o minusválidos. También contiene el discurso del Papa Juan Pablo II en la celebración del jubileo de los médicos.

Su Santidad, Juan Pablo II, recibió en audiencia, el viernes 7 de julio de 2000, a un grupo de médicos católicos, procedentes de cuarenta y dos naciones de todos los continentes, que habían acudido a la basílica de San Pedro con ocasión del jubileo, muchos de ellos estaban acompañados de sus familiares (seis mil personas) y habían participado en un Congreso internacional sobre el tema “Medicina y derechos humanos”, organizado por la Asociación de médicos católicos de italianos, la Federación europea de asociaciones de médicos católicos y la Federación internacional de asociaciones de médicos católicos, celebrado en Roma del 3 al 6 de julio del Año Santo.


La adopción, importante servicio a la vida humana

El sufrimiento de los esposos que no pueden tener hijos o que temen traer al mundo a un hijo minusválido es una aflicción que todos deben de comprender y valorar adecuadamente.

Por parte de los esposos el deseo de descendencia es natural: expresa la vocación a la paternidad y a la maternidad inscrita en el amor conyugal. Este deseo puede ser todavía más fuerte si los esposos se ven afligidos por una esterilidad que parece incurable. Sin embargo, el matrimonio no confiere a los cónyuges el derecho a tener un hijo, sino solamente el derecho a realizar los actos naturales que de suyo se ordenan a la procreación.[1]

Un verdadero y propio derecho al hijo sería contrario a su dignidad y a su naturaleza. El hijo no es algo debido y no puede ser considerado como objeto de propiedad: es más bien un don, “el más grande”[2] y el más gratuito del matrimonio, y es el testimonio vivo de la donación recíproca de sus padres. Por este título el hijo tiene derecho –ha sido recordado ya- a ser el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres y tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción.

La esterilidad no obstante, cualquiera que sea la causa y el pronóstico, es ciertamente una dura prueba. La comunidad cristiana está llamada a iluminar y sostener el sufrimiento de quienes no consiguen ver realizada su legítima aspiración a la paternidad y a la maternidad. Los esposos que se encuentran en esta dolorosa situación están llamados a descubrir en ella la ocasión de participar particularmente en la cruz del Señor, fuente de fecundidad espiritual. Los cónyuges estériles no deben de olvidar que “incluso cuando la procreación no es posible, no por ello la vida conyugal pierde su valor. La esterilidad física, en efecto, puede ser ocasión para los esposos de hacer otros importantes servicios a la vida de las personas humanas, como son, por ejemplo, la adopción, los varios tipos de labores educativas, la ayuda a otras familias, a los niños pobres o minusválidos”.[3]

Muchos investigadores se han esforzado en la lucha contra la esterilidad. Salvaguardando plenamente la dignidad de la procreación humana, algunos han obtenido resultados que anteriormente parecían inalcanzables. Se debe impulsar a los hombres de ciencia a proseguir sus trabajos de investigación, con objeto de poder prevenir y remediar las causas de la esterilidad, de manera que los matrimonios estériles consigan procrear respetando su dignidad personal y la de quien ha de nacer.

(Tomado de: CONGREGACIÓN para la DOCTRINA de la FE, Donum vitae, Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, 22 de febrero 1987, II. 8.)



Discurso del Santo Padre, Juan Pablo II, a un grupo de médicos católicos de todo el mundo

Ciudad del Vaticano, 7 de julio del Año Santo, 2000

Saludo

1. Os doy mi cordial bienvenida a todos vosotros, amadísimos médicos católicos, que habéis venido a Roma junto con vuestros familiares para participar en el congreso internacional organizado por la “Asociación de médicos católicos italianos”, la “Federación europea de asociaciones de médicos católicos” y la “Federación internacional de asociaciones de médicos católicos”. El objetivo principal de vuestro encuentro en la ciudad eterna es celebrar vuestro jubileo. Os deseo de corazón que, fortalecidos por esta provechosa actividad espiritual, con valentía deis nuevo impulso a vuestro testimonio evangélico en el sector tan importante de la medicina.


Medicina y derechos del hombre

2. El tema que habéis elegido para vuestro congreso - Medicina y derechos del hombre – es muy importante no sólo porque manifiesta el esfuerzo cultural de conjugar el progreso de la medicina con las exigencias éticas y jurídicas de la persona humana, sino también porque reviste gran actualidad a causa de las violaciones efectivas o potenciales del derecho fundamental a la vida, en el que se basan todos los demás derechos de la persona.

Con la actividad que realizáis, prestáis día a día un noble servicio a la vida. Vuestra misión de médicos os pone a diario en contacto con la misteriosa y estupenda realidad de la vida humana, impulsándoos a interesaros por los sufrimientos y esperanzas de muchos hermanos y hermanas. Perseverad en vuestra generosa entrega, asistiendo de modo particular a los ancianos, a los enfermos y discapacitados.

Comprobáis que en vuestra profesión no basta la asistencia médica y los servicios técnicos, aunque se realicen con profesionalidad ejemplar. Es preciso ofrecer al enfermo también la especial medicina espiritual que consiste en el calor de un auténtico contacto humano. Ese contacto puede volver al paciente el amor a la vida, estimulándolo a luchar por ella, con un esfuerzo interior que a veces resulta decisivo para su curación.

Hay que ayudar al enfermo a recuperar no sólo el bienestar físico, sino también el psicológico y moral. Esto supone en el médico, además de competencia profesional, una actitud de solicitud amorosa, inspirada en la imagen evangélica del buen samaritano. El médico católico está llamado a testimoniar a toda persona que sufre los valores superiores, fundados sólidamente en la fe.


Defender, promover y amar la vida

3. Queridos médicos católicos, sabéis muy bien que vuestra misión imprescindible consiste en defender, promover y amar la vida de cada ser humano, desde su comienzo hasta su ocaso natural. Hoy, por desgracia, vivimos en una sociedad donde a menudo dominan no sólo una cultura abortista, que lleva a la violación del derecho fundamental a la vida del concebido, sino también una concepción de la autonomía humana, que se expresa en la reivindicación de la eutanasia como autoliberación de una situación, por diversos motivos, ha llegado a ser penosa.

Sabéis que al católico jamás le es lícito hacerse cómplice de un presunto derecho al aborto o a la eutanasia. La legislación favorable a semejantes crímenes, al ser intrínsecamente inmoral, no puede constituir un imperativo moral para el médico, que podrá recurrir lícitamente a la objeción de conciencia. El gran progreso logrado durante estos años en los cuidados paliativos del dolor permite resolver de modo adecuado los situaciones difíciles de los enfermos terminales.


Actualizarse en teología y en bioética

4. Toda persona verdaderamente respetuosa de los derechos del ser humano ha de afrontar con valentía las múltiples y preocupantes formas de atentado contra la salud y la vida. Pienso en las destrucciones, en los sufrimientos y en las muertes que afligen a poblaciones enteras a causa de conflictos y guerras fratricidas. Pienso en las epidemias y enfermedades entre las poblaciones forzadas a abandonar sus tierras para huir hacia un destino desconocido. ¡Cómo permanecer indiferentes a tantas escenas conmovedoras de niños y ancianos que viven situaciones insoportables de malestar y sufrimiento, sobre todo cuando se les niega incluso el derecho fundamental a la asistencia sanitaria!

Es un amplio campo de acción que se abre ante vosotros, queridos médicos católicos, y expreso mi profunda estima a cuantos de entre vosotros deciden valientemente dedicar un poco de su tiempo a quienes se encuentran en situaciones tan duras. La cooperación misionera en el campo sanitario siempre ha sido muy apreciada y deseo de corazón que se intensifique ulteriormente este generoso servicio a la humanidad que sufre.

Por desgracia, numerosos hombres y mujeres, especialmente en los países más pobres, al entrar al tercer milenio, siguen sin tener acceso a servicios sanitarios y a medicinas esenciales para curarse. Muchos hermanos y hermanas mueren diariamente de malaria, lepra, sido, a veces en medio de la indiferencia general de quienes podrían o deberían prestarles ayuda. Ojalá que vuestro corazón sea sensible a este clamor silencioso. Queridos miembros de las asociaciones de médicos católicos, vuestra tarea consiste en trabajar a fin de que el derecho primario a lo que es necesario para el cuidado de la salud y, por tanto, a una adecuada asistencia sanitaria, sea efectivo para todos los hombres, prescindiendo de su posición social y económica.

Entre vosotros se encuentran investigadores de las ciencias biomédicas, las cuales, por su misma naturaleza, están destinadas a progresar, a desarrollarse y a mejorar las condiciones de salud y de vida de la humanidad. También a ellos les dirijo una apremiante exhortación a dar generosamente su contribución para asegurar a la humanidad condiciones mejores de salud, respetando siempre la dignidad y el carácter sagrado de la vida. En efecto, no todo lo científicamente factible es siempre moralmente aceptada.

Al volver a vuestras naciones respectivas, sentid el deseo de proseguir, con nuevo impulso, vuestra actividad de formación y actualización, no sólo en las disciplinas relativas a vuestra profesión, sino también en la teología y la bioética. Es muy importante, particularmente en las naciones donde viven iglesias jóvenes, cuidar la formación profesional y ético-espiritual de los médicos y del personal sanitario, el cual afronta a menudo graves emergencias que exigen competencia profesional y adecuada preparación en el campo moral y religioso.


Espíritu de solidaridad y caridad cristiana

5. Amadísimos médicos católicos, vuestro congreso se ha insertado providencialmente en el marco del jubileo, tiempo favorable para la conversión personal a Cristo y para abrir el corazón a los necesitados. Quiera Dios que la celebración jubilar os deje como fruto una mayor atención al prójimo, una generosa comunión de conocimientos y experiencias, y un auténtico espíritu de solidaridad y caridad cristiana.

Que la Virgen Santísima, Salus infirmorum (Salud de los enfermos), os asista en vuestra compleja y necesaria misión. Os sirve de ejemplo San José Moscati, para que no os falte la fuerza de testimoniar de coherencia, con tal honradez y con tal rectitud de “evangelio de la vida”.

Al tiempo que os agradezco una vez más vuestra visita, invoco la benevolencia del Señor sobre vuestros familiares y sobre cuantos están confiados a vuestro cuidado, y os imparto a todos de corazón una especial bendición apostólica.


(Tomado de: L’Osservatore Romano, n 28, 14 de julio 2000, p 6)


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[1] Pío XII, Discurso a los participantes en el II Congreso Mundial de Nápoles sobre la fertilidad y la esterilidad humanas, 19 de mayo 1956: AAS 48 (1956), 471-473

[2] Const. past. Gaudium et Spes, 50.

[3] Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris Consortio, 14: AAS 74 (1982) 97.