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¿Qué EDUCACIÓN queremos para nuestros hijos?

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Estamos rodeados de una cultura que privilegia la tecnología y la afirmación del individuo permitiendo el distanciamiento cada vez más profundo y egoísta entre las personas, además propicia la adquisición sin medida de bienes materiales como signo de éxito y posición “civilizada”, así como el activismo como signo de eficiencia. Por otra parte la credibilidad exenta de crítica hacia los medios de comunicación, permite que sean asumidas como verdaderas posturas falsas y nocivas para cada ser humano y la sociedad en general; la evasión de las responsabilidades más sencillas y el desinterés por lo que acontece al derredor, también son característicos de este ambiente cultural.
Hemos sido testigos en familia y en las escuelas, entre padres e hijos, entre docentes y alumnos, de violencia, abuso, prepotencia, irresponsabilidad, falta de respeto, desánimo en el deseo de formar y formarse, entre muchas otras situaciones. ¿Con qué medios contamos para enfrentar tales retos que, de no ser atendidos, se orientan a la despersonalización, egoísmo profundo y derrumbe de los valores de la sociedad humana?
Estas situaciones observables fácilmente en torno nuestro no surgen por generación espontánea. Da la impresión de que son el resultado, en buena parte, de una educación que no considera a la persona como sujeto personal, con características propias, individuales, posibilidades, riquezas para compartir, libertad y capacidad de trascendencia, sino al contrario, simplemente como un número más en una lista, un objeto que forma parte de la realización de unas metas, una máquina que tiene que absorber la mayor cantidad de información posible, sin necesidad de relación afectiva y efectiva, una carga que lesiona los intereses individuales…
Un pensador francés del Siglo XX, Emmanuel Mounier, cristiano católico, filósofo, maestro, escritor propone un pensamiento que quiere ser, no simplemente una doctrina filosófica, sino una actitud ante la vida, que mira a cada ser humano, hombre y mujer, en su totalidad, en su ser personal y en su capacidad de abrirse a relaciones verdaderas de compromiso y responsabilidad para con los demás.
Esta propuesta es el Personalismo Comunitario. Mounier esboza 5 puntos que se hacen necesarios para el desarrollo de una sociedad personalista y comunitaria:
1.- Salir de sí mismo; esto es, luchar contra el “amor propio”, que hoy denominamos egocentrismo, narcisismo, individualismo; la persona tiene la capacidad de des-centrarse, de des-cender, para llegar a estar disponible para los OTROS.
2.- Comprender: Dejar de colocarse en el propio punto de vista. Situarse en el punto de vista del otro, ser empáticos; no buscar en el otro a uno mismo, ni verlo como algo genérico, sino acogerlo en su diferencia.
3.- Asumir, no sólo compadecer. Sufrir con el dolor, caminar hacia el mismo destino, vivir la pena, la alegría y compartir la labor de los otros.
4.- Dar sin medida, sin esperar devolución. La generosidad disuelve el individualismo. Una sociedad personalista se basa, en la donación y el desinterés.
5.- Ser fiel, a sí mismo y a los demás, al propio ser, al amor a la amistad, en un despliegue constante y continuo de las potencialidades que en contacto con el otro se actualizan, considerando la vida como una aventura creadora, que exige ser fieles a uno mismo.
Tomando en cuenta la propuesta del Personalismo Comunitario, la Educación tendría como misión el despertar seres capaces de vivir y comprometerse como personas, preparados progresivamente para usar de su libertad y asumir sus responsabilidades. Para el Personalismo, el hombre es “persona” en la medida en que no se esconde en la masa, en el anonimato ni se deja negar por la tecnología, ni cae en abstracciones conceptuales individualistas, ni ignora la presencia de los otros o la intenta aniquilar. Contra el individualismo, propio de una sociedad despersonalizada, la propuesta es la de “Persona” como un ser concreto y relacional y comunicativo, es decir, “comunitario. Para el personalismo, los dos conceptos básicos que dan unidad al pensamiento son “Persona” y “Amor”. «la responsabilidad de un Yo por un Tú» por el amor para construir el “Nosotros”.El personalismo se ve a sí mismo como una propuesta de esperanza.

Con el deseo de propiciar un espacio para que el docente reflexione acerca de su práctica educativa desde la perspectiva del personalismo comunitario, con el fin de que participe creativamente en la transformación de su entorno, el Instituto Peninsular de Formación para Laicos ofrecerá a partir del día 10 de octubre, el Diplomado: Una mirada a la Educación desde el Personalismo Comunitario.
En colaboración con el Instituto Emmanuel Mounier de España y Argentina, hacemos una invitación a participar a todos los que tienen la importante misión de la formación, que deseen conocer y profundizar en este pensamiento, apoyarse en él y, contribuir, así, al desarrollo integral de la personas.

Para informes comunicarse al Instituto Peninsular de Formación para Laicos que se ubica en la Av. Colón No. 202 por 28 Col García Ginerés a los Tels. 920-66-20, fax. 925-10-09 o al Cel.9992-00-99-47 infolaicosmerida@hotmail.com