6ta. Parte Matrimonio, Familia y Sexualidad
- INFORME DE ACTIVIDADES JUNIO 2008-SEPTIEMBRE 2010
- Suicidio y Sociedad
- SEGUNDO CONGRESO DE SALUD, VIDA Y FAMILIA
- Jornada Mundial del SIDA: Preservativos en Adolescentes
- La adopción de niños por padres homosexuales; ¿Es correcta?
- Defensa de la Vida Humana, el Matrimonio y la Familia
- 5ta. Parte de Matrimonio, Familia y Sexualidad
- EL MATRIMONIO, LA FAMILIA Y LA SEXUALIDAD 1era. Parte: El Matrimonio
- 2da. Parte, El Matrimonio desde la Creación, Imagen de los esposos
- 3ra, Parte. El Matrimonio en el Señor, La Gracia Divina en el Matrimonio
- 4ta. Parte, El consentimiento del Matrimonio, Matrimonio como Sacramento
- Tratamiento del VIH
- Proteína inhibidora del VIH
- Investigadores descubren proteína activadora de los linfocitos T infectados por el VIH en estado latente sin activación general de los linfocitos T
- Mensaje episcopal con motivo del
- ABORTO INDIRECTO Y “ABORTO TERAPEUTICO”
- Puebla, cuarto Estado en México que adopta la defensa integral de la vida
- La Santa Sede ilustra las palabras del Papa sobre el preservativo
- "El origen del hombre" y evolución; un DVD responde a las preguntas
- Empresarios cristianos reconocen que la crisis ha sido originada por la avaricia
- Nace Intermirifica.net, portal que hace el censo de los medios católicos
- Portavoz vaticano: La muerte de Eluana Englaro no es la última palabra
- Hospital británico readmite a la enfermera suspendida por rezar
- Los obispos españoles declaran al 2009 “año de oración por la vida”
- Benedicto XVI: Criterios éticos para los trasplantes de órganos
- Trasplante de órganos, un “acto de amor”, explica el Papa
- Personas con carga viral indetectable de VIH-SIDA pueden seguir siendo infectantes
- La mayor parte de los que se infectan con el VIH en España son "gays"
- Decálogo para el año 2009
- Hay que cultivar los talentos espirituales
- Proponen a Galileo como patrono del diálogo ciencia-fe
- Adolescentes frente al sida: preguntas con respuestas
- ¿Qué EDUCACIÓN queremos para nuestros hijos?
- DISCIPULADO: COMUNIDAD DISCÍPULA DE JESÚS
- ¿Hace falta ir a la iglesia para ser cristiano?
- Benedicto XVI: Criterios éticos para los trasplantes de órganos.
- Benedicto XVI: No hay oposición entre fe y ciencia
- Benedicto XVI: Los trasplantes de órganos vitales exigen la muerte del donante.
- “No hay que banalizar la tragedia de la prostitución”
- Campaña de recogida de firmas contra el aborto como derecho humano.
- La legislación sobre el ABORTO en Yucatán
- Reflexiones sobre los honorarios médicos
- Medicina más Humana
- La adopción
- Día de la familia
- Dilemas y soluciones éticas en la práctica del médico
- El tema del divorcio en el catecismo de la Iglesia Católica
- Drogadicción
- Esterilización humana
- EUTANASIA: Ruina de la confianza
- Fe y razón/ Fides et ratio
- Fertilización asistida
- La filosofía del valor
- Homosexualidad
- Imagen, estética y belleza
- La participación del médico en el jubileo
- Los matrimonios nunca se anulan
- Dificultades del médico en la promoción de la paternidad responsable
- ¿Qué es la contracepción de emergencia?
- Pornografía y violencia en las Comunicaciones Sociales
- El quinto mandamiento en manos del médico
- Suicidio y Sociedad
- Postura de la Iglesia católica ante los transplantes de órganos
- El sacramento de la unción de los enfermos
- Instrucción pastoral para el SIDA
- Violencia intrafamiliar
- Vocación, profesión y responsabilidad del médico
- Orientaciones éticas para el cuidado del cuerpo
- Depresión y suicidio
- Desarrollo integral del adolescente
- Desintegración familiar
- Mensaje episcopal del día mundial del VIH/SIDA
- Reflexiones sobre la clonación.
- Problemas éticos relacionados con la clonación humana.
- Fe y razón.
- Cirugía estética.
- Cirugía estética, moral y ética.
- Alcoholismo
- La píldora del día siguiente
- Declaración sobre el aborto provocado
19)La apertura a la fecundidad
El Catecismo señala con varias expresiones que los esposos tienen el derecho de realizar los actos propios de los cónyuges, de los cuales podrá resultar la prole. Aunque se habla a veces de hijos no planeados o no deseados, todos somos hijos amados por Dios, el don más excelente, un signo de bendición. Los métodos naturales para la planeación familiar -tan antiguos como la naturaleza humana y, a la vez, tan actuales como criterios que consiguen buenos frutos para todos- deben ser estudiados, promovidos y aplicados por todos los responsables de la paternidad y rechazar la anticoncepción y la esterilización como medidas para evitar los hijos. La apertura a la vida pide siempre una actitud de corresponsabilidad del padre y de la madre. La paternidad y maternidad comienzan al engendrar a los hijos, pero es una tarea de suma importancia para toda la vida.
Los matrimonios estériles o infértiles, si es oportuno, podrán someterse a tratamientos adecuados siempre y cuando no se supla el acto conyugal, sino que se facilite a que éste alcance su fin natural, y tendrán la puerta abierta a la adopción y a otras obras que expresen su caridad para con el prójimo, que les permita madurar en el amor.
Por su naturaleza, la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole y con ellas son coronados como su culminación. Los hijos son el don más excelente del matrimonio y contribuyen mucho al bien de sus mismos padres. El mismo Dios, que dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2,18), y que “hizo desde el principio al hombre, varón y mujer” (Mt 19,4), queriendo comunicarle cierta participación especial en su propia obra creadora, bendijo al varón y a la mujer diciendo: “Creced y multiplicaos” (Gn 1,28). De ahí que el cultivo verdadero del amor conyugal y todo el sistema de vida familiar que de él procede, sin dejar posponer los otros fines del matrimonio, tienden a que los esposos estén dispuestos con fortaleza de ánimo a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos aumenta y enriquece su propia familia cada día más.
La fecundidad del amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educación. Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida.
Sin embargo, los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.
Texto tomado de: Catecismo de la Iglesia Católica, 1652-1654. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes, 48-50; Gravissimus Educationis, 3. JUAN PABLO II, Familiaris consortio, 28.
20)La Iglesia doméstica
Cristo es el Hijo de Dios, enviado al mundo para salvarnos. Encarnado por obra del Espíritu Divino, nació de una mujer y se sometió al cuidado de sus padres. Además convivió con sus discípulos como en familia. Esta riqueza de relaciones, admirable en Jesucristo, de alguna manera la vivimos nosotros en el trato cotidiano con las comunidades a las que tratamos. Nos anima el ejemplo de sencillez, paciencia, humildad y caridad que encontramos en la familia de Nazaret.
La Iglesia es casa y familia de todos, enuncia el Catecismo, a fin de que recordemos cuál debe ser nuestra actitud ante las personas que se encuentran solas, las que viven sin techo o pasan por situaciones de extrema necesidad. Reconociendo que somos una misma familia de Dios, todos podemos ser más solidarios con estos hermanos nuestros. Además nos motiva a ser más agradecidos con Dios, por la familia que nos ha regalado y nos invita a ser sembradores de unidad y comprensión, y así reine en nuestro hogar el amor y la paz de Cristo.
Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la “familia de Dios”. Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, “con toda su casa”, habían llegado a ser creyentes (cf Hech 18,8). Cuando se convertían deseaban también que se salvase “toda su casa” (cf Hech 16,31 y 11,14). Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente.
En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, “Ecclesia doméstica” o iglesia del hogar. En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada.
Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras. El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y “escuela del más rico humanismo”. Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida.
Es preciso recordar asimismo a un gran número de personas que permanecen solteras a causa de las concretas condiciones en que deben vivir, a menudo sin haberlo querido ellas mismas. Estas personas se encuentran particularmente cercanas al corazón de Jesús; y, por ello, merecen afecto y solicitud diligentes de la Iglesia, particularmente de sus pastores. Muchas de ellas viven sin familia humana, con frecuencia a causa de condiciones de pobreza. Hay quienes viven su situación según el espíritu de las bienaventuranzas sirviendo a Dios y al prójimo de manera ejemplar. A todas ellas es preciso abrirles las puertas de los hogares, “iglesias domésticas” y las puertas de la gran familia que es la Iglesia. Nadie se sienta sin familia en este mundo: la Iglesia es casa y familia de todos, especialmente para cuantos están ‘fatigados y agobiados’ (Mt 11,28).
Texto tomado de: Catecismo de la Iglesia Católica, 1655-1658. CONCILIO VATICANO II, Lumen gentium, 10-11; Gaudium et spes, 52. JUAN PABLO II, Familiaris consortio, 85.
21) RESUMEN
El Catecismo ofrece un valioso resumen del contenido acerca del sacramento del matrimonio y sus implicaciones, como lo explica en la segunda parte de su contenido. Así podemos tener en cuenta esta amplia explicación del vínculo conyugal, con sus exigencias y frutos. En el nombre de Jesucristo, Buen Pastor, el Señor Arzobispo y un servidor bendecimos los hogares de nuestros lectores y de todos los fieles de esta amada Arquidiócesis.
El apóstol Pablo dice: “Maridos, amen a sus mujeres como Cristo amó a la Iglesia. Gran misterio es éste, lo digo con respecto a Cristo y la Iglesia” (Ef 5,25-32).
La alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de sacramento.
El sacramento del matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna (cf Concilio de Trento).
El matrimonio se funda en el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la voluntad de darse mutua y definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo.
Dado que el matrimonio establece a los cónyuges en un estado público de vida en la Iglesia, la celebración del mismo se hace ordinariamente de modo público, en el marco de una celebración litúrgica, ante el sacerdote (o el testigo cualificado de la Iglesia), los otros testigos y la asamblea de los fieles.
La unidad, la indisolubilidad y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. La poligamia es incompatible con la unidad del matrimonio; el divorcio separa lo que Dios ha unido; el rechazo de la fecundidad priva la vida conyugal de su “don más excelente”, el hijo.
Contraer un nuevo matrimonio por parte de los divorciados mientras viven sus cónyuges legítimos contradice el plan y la ley de Dios enseñados por Cristo. Los que viven en esta situación no están separados de la Iglesia, pero no pueden acceder a la comunión eucarística. Pueden vivir su vida cristiana sobre todo educando a sus hijos en la fe.
El hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente “Iglesia doméstica”, comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana.
Texto tomado de: Catecismo de la Iglesia Católica, 1659-1666. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes, 48-50. Código de Derecho Canónico, 1055.