Dilemas y soluciones éticas en la práctica del médico
Actualidad en la ética médica
1. Introducción
Quizá nunca en este tiempo, en el umbral del siglo XXI, se ha hecho tan evidente la importancia de la Ética Médica. Los formidables avances de la medicina técnica y la pérdida de una visión clara de los límites entre lo que es honesto y lo que no lo es, dónde acaba lo que es digno, dónde empieza lo que es indigno, y la crisis de los principios morales que deben regir la conducta, hacen imprescindible y necesario el estudio serio y meditado de todo aquello que compone lo esencia de la Ética Médica.
Este conocimiento encierra serias dificultades. Por una parte, el subjetivismo, impidiendo la claridad y la definición de las ideas. Por otra parte, ese relativismo de la conducta, tan en boga entre las gentes como fenómeno muy común, que crea conductas imprecisas, eléctricas, que conducen a un desorden en el actuar del hombre en la práctica diaria de la vida. Y si a esto se agrega la ignorancia de algunos, llega a identificar la Ética con actitudes religiosas, podremos darnos cuenta de lo difícil que resulta el llegar a poseer unos conocimientos precisos y válidos que vengan a normar la conducta del profesionista en la Medicina.
Con el ejercicio de la profesión, todo ser humano debe alcanzar la madurez necesaria para desenvolverse adecuadamente en la vida social, política, científica y económica. Pero al ponerse en contactos con esas realidades y con las presiones del medio ambiente que las acompañan, puede plantearse esta pregunta: “¿Se puede triunfar en la vida profesional actuando rectamente, de acuerdo con los principios morales que encarna la Ética?”. La incertidumbre acecha al profesionista acerca de la posibilidad del éxito científico, social y aun económico, sin que haya que comprometer la conciencia, y, por consecuencia, la dignidad humana. Y así, aparece el fantasma de la corrupción que tantos seguidores parece tener.
No es nada nuevo el que las necesidades acuciantes de cada día, a las que se suman la multiplicación de reclamos hacia la diversión, el placer y la vida fácil, a la que nos invita insistentemente nuestra sociedad de consumo, apoyados por los medios masivos de comunicación, tantas veces enajenados y casi siempre enajenantes, y en abierta contradicción habitualmente con la verdad y con el bien, hacen muy difícil el mantenimiento de una conducta recta.
Es por ello que es urgente el conocer con la mayor exactitud el por qué de la conducta y los principios por los que se debe regir, para conformarla, de modo racional y libre hacia la consecución del bien. Tener claros conocimientos sobre la manera de comportarse en las diversas situaciones de la vida profesional, es imprescindible para todo ser humano comprometido con la sociedad a través de su profesión.
Contra lo que algunos pueden pensar, no sirve el guiarse solamente por sentimientos benévolos, altruistas. Los sentimientos solos no son, ni pueden ser nuca, normativos de la conducta. Los sentimientos de hecho cambian habitualmente, y lo que cambia no puede ser parámetro de nada y por lo mismo no pueden ajustarse a ellos los códigos de la conducta humana.
Es imprescindible, entonces, en todo profesionista un conocimiento claro y verdadero de lo que es y a lo que obliga la Ética profesional.
2. Necesidad de los cursos de Ética profesional
Salta a la vista, con lo anteriormente expuesto, que la enseñanza de la Ética profesional, y en nuestro caso de la Ética Médica, debe normar parte del bagaje intelectual que se ofrece a los estudiantes universitarios. Así los cursos de Ética profesional son cada vez más y más solicitados por las Universidades que, de ese modo, cumplen con una parte importante de su responsabilidad educativa. No debemos olvidar lo que dijo el famoso Humboldt: “Lo que se trate de introducir en la vida deberá aportarse primero en la Escuela”. Y si queremos lograr profesionistas éticos, hay que enseñarles a serlo y cómo serlo.
El conocimiento de un frío código ético no moraliza a un hombre. El conocimiento del por qué y para qué de sus deberes, es un supuesto previo y necesario, como los conocimientos de Anatomía en relación con su correcta aplicación en Cirugía.
Lo importante es que su actitud esté de acuerdo con los conocimientos éticos, para que su conducta sea moral, al aplicar concretamente dichos conocimientos a su trabajo diario.
La Ética profesional se denomina también Deontología –Tratado de los deberes- o Moral profesional. Y comprende el estudio de los deberes y derechos de los profesionistas a la luz del Derecho natural, el Derecho positivo o legislación de la comunidad humana y las formas aceptadas y sancionadas de trato humano. Son, pues, los conceptos de: deber, justicia, derecho, responsabilidad, conciencia., etc., los que impregnan todas las situaciones críticas de qué hacer profesional.
La responsabilidad de la educación ética de la persona corresponde en primer lugar a la familia. Como célula primaria de la sociedad le corresponde, por propio derecho y sin intromisiones de ningún género, la educación moral de sus miembros, de acuerdo a los principios de la recta razón. Deben, pues, los responsables de la familia, los que son cabeza de la misma, el transmitir y enseñar a sus miembros los conocimientos de los principios morales que señala la recta razón para una correcta convivencia humana. Y faltarías gravemente a su misión al ignorar la obligación de enseñar los firmes y razonados principios que tienen que regir la vida de los seres humanos, a todos aquellos que de ellos dependen, en este caso los hijos, que sufrirían las consecuencias al no conocerlos, y que a su vez transmitirían esa carencia al sector social en que irían a desenvolverse en el futuro.
Sobrecoge el pensar que una gran mayoría de cabezas de familia no poseen ideas firmes sobre los principios de convivencia ética: el por qué del respeto a los derechos de los otros; el respeto a la vida, a la fama, a la propiedad. El egoísmo priva y reina en los corazones de los hombres, dificultando, cuando no impidiendo, esa primordial tarea educativa.
Corresponde también la educación moral de la persona a la comunidad religiosa a la que ésta pertenezca. No puede negarse, sin adoptar una sectaria posición irracional, la importancia y el peso que suponen los principios religiosos de una persona para reforzar sus normas éticas de conducta.
Toda religión, si lo es ciertamente, si llena los requisitos que la caracterizan, debe conducir al hombre a la concordia y al amor. Y no se puede negar sin más la importancia que tienen para la vida del profesionista estos valores señalados.
Finalmente, corresponde a la Universidad el formar a sus miembros en una línea ética congruente con la apacible convivencia humana. Es un error pensar que la escuela tiene que renunciar a esa preocupación, dejando de llenar ese vacío.
La Universidad tiene la responsabilidad social de la educación moral de sus miembros. Para ello dispone de dos medios sumamente eficaces: la organización y la cultura.
La organización de tiempos, espacios, maestros, metodologías y evaluaciones de la enseñanza. Y la cultura, de la que es depositaria la Universidad a través de los siglos, y a través de la cual establece un compromiso real con la sociedad a la que tiene el deber de servir.
La Universidad, por encima de cualquier ideología, debe hacer sentir la importancia de una tarea moral integrada en la formación intelectual. El filósofo Jacques Maritain decía, al comentar este problema, que “la tarea de la educación moral se está convirtiendo hoy en más y más importante, ya que el hombre, hoy como nunca, está confrontado con las filosofías materialistas y positivistas que relativizan completamente los patrones morales”.
Actualmente asistimos a una nueva confrontación entre civilización y cultura. Cuando se desconoce el significado de estas ideas, el hombre se pierde en los engranajes de las máquinas y pierde, a su vez, el sentido de su vida.
Entendemos por civilización el dominio técnico de la naturaleza; y por cultura, la subordinación de las necesidades individuales a las fuerzas vitales del espíritu, al dominio del hombre sobre su propia naturaleza; así la civilización técnica se pone al servicio de la cultura espiritual. Y en esa subordinación de la técnica a la cultura, a los valores humanos, debe resumir el profesionista todos los aspectos de su vida profesional. El médico que no viera más que lo fisiológico, que lo técnico, en el ejercicio de su profesión, prescindiendo de los elementos éticos trascendentes, sería como el comerciante que no viera más que el provecho de la compra y la venta, con exclusión del bien común general.
Conocida la Ética profesional, su objetivo es el lograr en el profesionalista una actitud personal, asumida razonablemente, de acuerdo con los principios éticos de un orden moral, conocido y aceptado por la recta razón.
La Ética profesional, que enseña la aplicación concreta de los principios de la razón humana en la vida profesional, tiene su fundamento en la justicia y en el amor a la humanidad.
En justicia, que es dar a cada uno lo que corresponde, o que ocupe el lugar que debe ocupar, no violando los derechos de los otros y manteniendo y ayudando a mantener el orden establecido por la naturaleza y por las leyes positivas. Al deber de respetar la justicia corresponde un derecho real en el otro que, si llegara a violarse, exigiría una reparación ante el tribunal de la conciencia o ante los tribunales públicos.
Y en el amor a la humanidad, amando a los otros como uno mismo se ama, y no deseando para nadie lo que no quisiéramos que los demás hicieran con nosotros. “Trata a los demás como quieres ser tratado por ellos”
A este deber de amor a la humanidad no corresponde, contrariamente al de la justicia, ningún derecho real en el otro que pudiera “exigir” ese amor. Pero esto no excluye la obligación de humanidad de atender a sus legítimas demandas. No somos lobos carniceros y, por otra parte, no conviene olvidar que los derechos de todos los necesitados los asume Dios, ante quien deberán responder quienes no los atienden.
La Moral del profesionista le hará salir vencedor de las pruebas, y cuando se produzcan las crisis no claudicará, y será así fermento de renovación en la vida social.
3. Importancia de la Ética Médica
El conocimiento de esta disciplina va a dotar al médico de los conocimientos necesarios para ejercer correctamente esta noble profesión. Podemos definirla como “la ciencia teórico-práctica que enseña la moralidad de los actos del médico en relación con la comunidad humana”. No es tarea sencilla el llegar a poseer una recta conciencia moral, sobre todo si se tienen en cuenta las fuertes influencias exteriores e interiores que intentan deteriorarla.
La ignorancia, o el desprecio por estos conocimientos, va a llevar al médico, irremediablemente, por un camino de materialismo o corrupción, ya que al ignorar sus deberes de justicia y amor, y el cómo y por qué de los mismos, lesionará los derechos de los otros dentro de la más absoluta indiferencia. Y no es justo alegar que guiándose el médico por sus buenos sentimientos, va a ser ético su proceder. Ya sabemos que los sentimos solos, variables por distintas circunstancias, no pueden ser parámetros de conducta por ese mismo hecho de su variabilidad.
Lo que se dice del título profesional, que no supone la ciencia, sino que la presume, siendo misión del profesionista el acreditarla con sus actos profesionales, lo mismo cabe aplicarse a la conciencia del médico que se supone buena, pero que debe afirmarla con sus actitudes éticas regidas por los principios de la recta razón que debe conocer. De ahí la importancia de un conocimiento sistemático y serio de esta disciplina, una de las más importantes del área humanística de la carrera.
El estudio de la Ética Médica va a aportar los conocimientos precisos sobre tan importante materia, que la ignorancia o ligereza no deja a veces conocer. La Ética Médica se apoya en las convicciones morales y en la vocación humanitaria del médico. Y tanto ésta, como aquéllas, son fruto del estudio y de la meditación.
No deja de haber quienes piensan que la moral médica se aprende sólo con el ejemplo, y no asintiendo a Cátedras específicas de Ética Médica. A este respecto es interesante la opinión del Doctor José Alcántara Herrera que recogemos aquí: “Los que así piensan ignoran lo que son las ciencias y confunden, increíblemente, las Universidades con las Escuelas de Artes y oficios. La mayor parte de las ciencias tienen dos aspectos: el de la teoría, esencialmente intelectual, que ilustra y desarrolla el entendimiento y lo prepara para el segundo aspecto, el técnico, que es la aplicación de los conocimientos científicos. La teoría es la luz que ilumina el camino de la técnica. Si la iluminación es mala o defectuosa, podemos caer o avanzar dificultosamente. Las ideas erróneas, convertidas en hechos, son un fracaso.
“Si esta objeción fuera válida, serían inútiles todas las lecciones teóricas que se dan en las Universidades, y admitir esto es aceptar el absurdo. Toda enseñanza técnica debe ir precedida de la teoría respectiva, para que el alumno sepa de antemano lo que va a hacer, lo que va a practicar en el anfiteatro de disección en relación con la enseñanza fundamental de la Anatomía humana, pues sin la luz de la teoría, el alumno iría solamente a destrozar cadáveres, sin provecho alguno. Y lo que sucede con la Anatomía, acontece también con la Fisiología, con la Histología, con la Clínica, etc.
“La Ética Médica es ciencia y arte; tiene, pues, teoría y práctica. Es además, por la materia de que trata y el fin que se propone, la más noble de todas las ciencia y artes médicas y da al profesionista que la conoce y practica, el más alto de los prestigios: el prestigio moral.
“Las Escuelas de Medicina que no tienen cátedras autónomas de Ética Médica, están atrasadas en la enseñanza y profesan en oscurantismo en una materia nobilísima cuya ignorancia sistemática sería de incalculable trascendencia y responsabilidad”[1].
4. Origen del fenómeno ético
El fenómeno ético existe y se encuentra en todo ser humano. Existe en el hombre, con el hombre y para el hombre. Ya el que fue famoso médico y filósofo, Zenón de Elea, señalaba el fenómeno ético como la fuente de la vida, el suelo firme, fundamento de la práctica y raíz del que brotan los actos humanos.
Lo ético –ethos[2]-, va a caracterizar las actitudes de los seres humanos, de los grupos profesionales para el cumplimiento de los propios deberes.
Para Zubiri, filósofo actual, lo ético tiene un sentido muy amplio. Comprende las disposiciones del ser humano, su carácter, sus costumbres y su moral. Lo ético es el modo de vida, para diferenciarlo de la simple manera de ser.
Para Bernhard Häring, reconocido como un gran moralista de la actualidad, lo ético se ha caracterizado siempre como una vocación al servicio del prójimo, y, en el caso del médico, del hombre enfermo. “Lo ético del médico se distingue fuertemente por su relación con el paciente y con la familia del paciente. Él es el amigo de la familia, con una gran capacidad para la compasión y para la prontitud dispuesta al servicio”[3].
El fenómeno ético conduce al servicio. Y a un servicio irrenunciable, con una dedicación a valores, más que a ganancias financieras.
Platón identifica lo ético con lo natural. Es decir, lo que corresponde a la naturaleza humana. En esa líneas se manifiesta también San Agustín.
Para Tomás de Aquino, siguiendo el pensamiento de Aristóteles, lo ético es lo recto, lo que procede de la recta razón. De donde se sigue que el actuar éticamente es algo exigido al ser humano por su misma naturaleza.
El actuar éticamente conduce al hombre hacia el bien, haciendo de él un hombre de bien. Su conducta está de acuerdo con las exigencias de su naturaleza racional en la que reside lo ético. Cuando el hombre se degrada sigue siendo un hombre, pero no es un hombre de bien, y al no serlo se transforma en un obstáculo para el desenvolvimiento normal de la humanidad.
Con el conocimiento de lo hasta aquí expuesto, ya podemos formular que la conducta ética del hombre es la ordenación objetiva de su vida, según las exigencias de su naturaleza humana, de sus fines y de sus tendencias racionales.
Las tendencias racionales llevan al hombre a la legítima realización de sus fines esenciales, tales como el derecho a: la vida, la integridad personal, la procreación y educación de los hijos, la unidad social en el amor, la paz y el orden, el acceso al conocimiento y el dominio de las fuerzas naturales en función del bien común.
Toda arbitrariedad o capricho egoísta en la conducta que llevara al ser humano a cauces irracionales, es un atentado contra las legítimas tendencias racionales del hombre y, por lo tanto, una distorsión en el terreno de lo ético.
Lo ético existe y se da en el hombre por ser éste un ser racional. Lo ético está intrínsecamente unido a la racionalidad. Los minerales, los vegetales y los animales no son éticos, no pueden serlo nunca, porque carecen de la racionalidad. El hombre tiene que ser ético con ellos, no mostrando crueldad con los animales y respetando la ecología.
Cuando el hombre realiza una acción, siente siempre que ésta va acompañada de “una sensación de responsabilidad”. De alguna manera se siente comprometido, como persona, en cada acción que realiza o piensa realizar. Se siente responsable de lo que elige y hace libremente. Lo característico de esa sensación de responsabilidad es que se manifiesta con un carácter absoluto.
5. El fenómeno ético primario
El fenómeno ético primario es el hábito de los primeros principio, es como un “suceso natural” que nos entrega el conocimiento de unas verdades naturales y generales que son inmediatamente intuibles: “No hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”; “Hay que hacer el bien y evitar el mal”; “Muéstrate siempre agradecido”.
El fenómeno ético se manifiesta como una especie de imposición de la naturaleza racional, y forma parte de ella misma. Renunciar a las exigencias que plantea esta imposición, esta sensación, es renunciar a la condición humana y sacrificar la dignidad del hombre.
Esas verdades generales a las que hacemos referencia no son innatas, sino adquiridas por la experiencia humana y por intuiciones que se imponen por sí mismas a la razón. Lo que sí es innato es la disposición para esa intuición. Por ejemplo, para saber lo que es el deber de gratitud, debe aprenderse lo que es deber y lo que es gratitud, y entonces se formula la verdad: “Debo ser agradecido”. Del mismo modo, para saber que el todo es mayor que las partes, hay que aprender lo que es un todo y lo que son las partes.
Por eso, en la Ética, la función del educador es básica, ya que la formación de las convicciones morales en detalle, depende de la educación que reciba el hombre en su medio cultural, social y antropológico. Eso explica la conducta de aquellos seres humanos que, por costumbre de clan o de tribu, matan a sus padres o hijos enfermos. Estos creen realizar una buena acción, dentro de un medio natural que es adverso racionalmente.
La sensación de responsabilidad que el hombre percibe, unida a sus actos, puede definirse siguiendo la línea de pensamiento de UTZ como “ el fenómeno ético primario, un algo psíquico, un imperativo espontáneo de la razón práctica, dirigido a la libertad, a la que manda hacer el bien y evitar el mal. Este imperativo nos aparece como absoltuo, de forma que no podemos escapar de él ni se explica apoyándonos en consideraciones impuestas en virtud de unos fines”[4].
El imperativo moral proviene de la misma naturaleza humana. Las características que lo acompañan son muy peculiares. En primer lugar es universal, es decir, que se da en todo los seres humanos, tanto en los que no tienen formación como en el investigador más eminente. Será percibido más o menos claramente, pero se da en todos.
En segundo lugar es gratuito, porque es propio del ser racional. No se adquiere por la investigación o el estudio. Está ahí.
Y en tercer lugar es firme, permanece siempre, no desaparece mientras éste viva. El hombre puede olvidarlo, enterrarlo, ocultarlo en la más profunda bodega de su vida, pero nunca podrá destruirlo. Permanece siempre unido a la naturaleza racional del hombre. Este que, a veces lo olvida enviándolo a la trastienda de los objetos inútiles, lo reencuentra en un momento de su vida y vuelve a adherirse a él, en una seria actitud de reconciliación consigo mismo y con los demás hombre. Forma parte dl fenómeno de arrepentimiento.
El hombre está supeditado también a estos imperativos, que al igual que el imperativo moral se manifiestan por obligaciones y preceptos. Estos imperativos son el social y el religioso.
El imperativo social se impone al hombre a través del medio social en que vive. Y todo el que quiera permanecer dentro de ese medio social tiene que aceptar sus preceptos, tanto de convivencia, de higiene y de respeto a las leyes promulgadas para el interés público. Si una persona quiere conducir su automóvil en una ciudad, tendrá que resptear las señales de tránsito.
El imperativo religioso viene impuesto por la Divinidad a través de una Revelación, y debe cumplirse y aceptarse en la medida en que se quieren mantener buenas relaciones con Dios.
En Ética, el imperativo que más nos ocupa es el imperativo moral, que se inserta en un orden moral. Orden que viene a señalar prioridades y urgencias en la vida familiar, en los grupos sociales y en el Estado.
Para que se dé un orden es necesaria la presencia de la justicia, que es dar a cada uno lo que le corresponde y que cada cosa ocupe el lugar que le es propio. Por eso el efecto principal de la justicia es establecer un orden.
La justicia tiene como base el Derecho y como las fuentes del Derechos son las Leyes, se pone de manifiesto la existencia de una Ley Moral, que conduce al Derecho a la Justicia y a un Orden Moral.
La Ley Moral es la manifestación, en la razón humana, de la eterna sabiduría, que da a toda creatura ser y orden.
A esa eterna sabiduría llamamos la Ley Eterna y la participación el el hombre de esa Ley Eterna es la Ley Natural.
Existe, pues, un orden moral y unas leyes morales que el hombre descubre a través de la propia razón. Esas leyes morales tienen una fuerza imperativa, relacionada con una norma absoluta que, considerada en su origen supremo, es Dios, y considerada en su origen inmediato y próximo es la naturaleza racional del hombre.
Cuando no obra conforme a lo que la razón señala como conveniente a su naturaleza racional, propicia un desorden y conspira contra la existencia, la integridad y la perfección del ser, y esos no es otra cosa que el mal. Cuando éste actúa dentro de lo que es conveniente a su naturaleza racional y a los fines específicos de ésta, actúa éticamente.
Tomado de: Julio ROLDÁN GONZÁLEZ, Ética Médica, Librería Parroquial de Clavería, México 1990, pp 11 –21.
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[1] Dr. José ALCÁNTARA HERRERA, Códigos o Reglamentos de Deontología Médica en México, Actualización Deontológica de la Profesión del Médico Cirujano, XIII Asamblea Nacional de Cirujanos, México 1958, p 36.
[2] Del griego se deriva la palabra ethos que es el equivalente latino a moral, que significa literalemente costumbre, como algo propio y estable en la persona humana.
[3] Bernhard HÄRING, Moral y Medicina, P S Editorial, Madrid 1972, pp 33-34.
[4] Arthur Fridolin UTZ, Manual de Ética, Editorial Herder, Barcelona 1972, p 15.