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Fe y razón/ Fides et ratio

Los elementos principales de la Encíclica


Contexto

El 15 de octubre de 1998, se publicó la decimotercera Encíclica del Papa Juan Pablo II, titulada Fides et ratio, sobre las relaciones entre Fe y razón.

“¿Quién soy? ¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿Por qué existe el mal? ¿Qué hay después de esta vida?”. En base a esta preguntas fundamentales del hombre el Papa aborda el tema de la relación entre la fe y la razón[1].

La Encíclica es considerada un documento muy valioso para la historia de la reflexión cristiana. ¿Por qué la fe debería ocuparse de la filosofía y por qué la razón no puede prescindir de la aportación de la fe? Las preguntas planteadas por S.S. Juan Pablo II no quedan sin respuesta. No se plantean como un mero ejercicio teórico, sino que tienen un carácter profundamente existencial, porque determina el comportamiento de las personas.

La actualidad de la Encíclica radica en que responde a un desafío cultural de importancia capital que es planteado en nuestro tiempo: el sentido de la libertad. Señala el lazo estrecho que hay entre la verdad y la libertad[2].


Objetivo de la Encíclica

La Encíclica toma su punto de partida en una situación cultural que se ha hecho insostenible y que ha llevado hasta sus últimas consecuencias la separación entre fe y razón. En este horizonte, el documento aspira a sensibilizar a quienes respetan la verdad y son responsables del pensamiento y de la cultura, a fin de que se fijen en lo esencial, sin ningún tipo de prejuicio ni límite alguno.

El objetivo de la Encíclica es volver a darle confianza al hombre contemporáneo en la posibilidad de encontrar una respuesta segura a sus inquietudes y exigencias esenciales, e invitar a la conciencia humana a enfrentarse al problema del fundamento del existir y de vivir y a reconocer la verdad de Dios como principio de la verdad de la persona y del mundo entero.

La fe cristiana está obligada a oponerse a aquellas filosofías o teorías que excluyen la aptitud del hombre de conocer la verdad metafísica de las cosas (pesimismo) y defiende la posibilidad de una reflexión metafísica y racional.


Contenido de la Encíclica

La Encíclica está divida en siete capítulos, precedidos por una introducción.

- Introducción

En la introducción, titulada “Conócete a ti mismo”, el Papa Juan Pablo II, basándose en la “diaconía” (o servicio) de la verdad (n 2), defiende la grandeza de la razón. Aunque parezca contradictorio, sobre todo si se mira la historia del último siglo, la razón encuentra su ayuda y apoyo más precioso en la fe, la aliada fiel, que le permite encontrarse a sí misma. Por otra parte, la fe cristiana no puede confrontrarse por mucho tiempo con una razón débil. En efecto, la fe tiene necesidad de una razón que se fundamente en la verdad para justificar la libertad plena de sus actos.


- Primeros capítulos

El primer capítulo introduce el tema de la Revelación como conocimiento que Dios mismo ofrece al hombre. La Revelación, al expresar el misterio, impulsa a la razón a intuir razones que ella misma no puede agotar, sino sólo acoger.

El segundo capítulo aborda la unidad entre el conocimiento de la razón y el conocimiento de la fe, demostrando cómo el pensamiento bíblico, basado en esta unidad, había ya descubierto una vía maestra hacia el conocimiento de la verdad: la imposibilidad de prescindir del conocimiento ofrecido por Dios, si se quiere conocer plenamente el camino que todo hombre debe recorrer para responder a las preguntas fundamentales sobre la existencia.

El capítulo tercero entra directamente a temas específicos. Así, se destaca cómo el hombre con su razón, que pregunta siempre y sobre todas las cosas, tiene la posibilidad de alcanzar la verdad que por su naturaleza es universal válida para todos y para siempre. El Papa expone aquí diversas facetas de la verdad y afirma que “se puede definir al hombre como aquel que busca la verdad” (n 28).

El número 33 del documento puede considerarse como una síntesis del capítulo tercero: “El hombre, por su naturaleza, busca la verdad. Esta búsqueda no está destinada sólo a la conquista de verdades parciales, técnicas o científicas; no busca sólo el verdadero bien para cada una de sus decisiones. Su búsqueda tiende hacia una verdad ulterior, que pueda explicar el camino que todo hombre debe recorrer para responder a las preguntas fundamentales sobre la existencia.


- Fe y filosofía

El capitulo cuarto marca una profunda síntesis histórica, filosófica y teológica de cómo el cristianismo ha entrado en relación con el pensamiento filosófico antiguo. Se presenta el ejemplo de los primeros siglos, cuando los Padres de la Iglesia, con la aportación de la riqueza de la fe, “fueron capaces de sacar a la luz plenamente lo que todavía permanecía implícito y propedéutico en el pensamiento de los grandes filósofos antiguos” (n 41). Sigue luego la época floreciente del “medievo” con el aporte del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, perennemente actual, y su visión de una completa armonía entre la fe y la razón basada en el principio de que “lo que es verdadero, quienquiera que lo haya dicho, viene del Espíritu Santo” (n 44).

Sin embargo, la llegada de la época moderna señala también un período de progresiva y “nefasta separación” entre la fe y la razón (n 45), con el consiguiente cambio del papel desempeñado por la filosofía, hasta llegar a ser “razón material al servicio de fines utilitaristas, de placer o de poder” (n 47). De ello se deriva que “tanto la fe como la razón se han empobrecido y debilitado una ante la otra” (n 48).

El capitulo quinto muestra, en una primera parte, las diversas intervenciones del Magisterio, recorriendo los momentos más importantes sobre todo respecto al fideísmo y al racionalismo. En una segunda parte, se pone de relieve cómo la Iglesia siempre ha animado a la filosofía a recuperar su misión primordial, mencionando algunos casos que han enriquecido el pensamiento filosófico en la época moderna.


- El núcleo de la Encíclica

Los capítulos sexto y séptimo constituyen el núcleo de la Encíclica y representan una aportación más densa que el Santo Padre ofrece para esta problemática. En el capitulo sexto, la Fides et Ratio se detiene sobre la exigencias que las diversas disciplinas teológicas deben mantener con relación con el saber filosófico.

En este contexto, el Papa profundiza su reflexión afrontando problemáticas recientes que afectan a la ciencia de la fe.

Algunos, por el deseo de abrir nuevos caminos de saber científico, “niegan simplemente el valor universal del patrimonio filosófico asumido por la Iglesia” (n 69). Juan Pablo II aborda directamente la cuestión, sobre todo respecto al tema de la relación con las culturas, problema que en estos años suscita el debate teológico, particularmente en al India.

El Papa señala los criterios irrenunciables para que el encuentro pueda ser fructífero (cf. 72).

Juan Pablo II ve el término “circularidad” la vía a seguir en la relación entre la fe y la razón (n 73); esto indica que: “el punto de partida y la fuente original debe ser siempre la Palabra de Dios revelada en la historia, mientras que el objeto final no puede ser otro que la inteligencia de ésta, profundizada progresivamente a través de las generaciones”.


- Centralidad de la Revelación

El capitulo séptimo, el más denso y rico, se basa en la original indicación según la cual la Revelación es el “punto de referencia y de confrontación” entre la filosofía y la fe. El capitulo comienza indicando la “vía sapiencial” que ha de adoptarse como línea maestra para llegar alas respuestas definitivas que llevan al sentido de la existencia; se acentúa la capacidad natural del hambre de alcanzar la verdad, legando a la existencia metafísica del saber.

“Una de las mayores amenazas en este fin de siglo es la tentación de la desesperación” (n 91). Ante este drama, el desafío que Juan Pablo II presenta es el del saber pasar “del fenómeno al fundamento” (n 83) y así “llevar a los hombres a descubrir su capacidad de conocer la verdad y su anhelo de un sentido último y definitivo de la existencia” (n 102). Sobre este principio se realiza un análisis riguroso, que muestra los entes insuperables de algunos sistemas filosóficos contemporáneos que rechazan la instancia metafísica de una apertura perenne a la verdad (n 81). Eclecticismo, historicismo, cientifismo, pragmatismo y nihilismo son sistemas y formas de pensamiento que, al no estar abiertos a las exigencias fundamentales de la verdad, tampoco pueden ser asumidos como filosofías aptas para explicar la fe.


- Conclusión

El mensaje último de la Encíclica podría resumirse en una afirmación del número 90: “Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente”. Se trata de una enérgica llamada de Juan Pablo II para despertar la conciencia de cuantos se interesan por la verdadera libertad del hombre. Ésta, afirma el Papa, sólo se puede alcanzar y asegurar si el canal hacia la verdad permanece abierto y accesible siempre, a todos y en todas partes.


Aspectos relevantes de la Fides et ratio


a) Hacia la contemplación de la verdad

“La relación actual entre la fe y la razón exige un atento esfuerzo de discernimiento, ya que tanto la fe como la razón se han empobrecido y debilitando una ante la otra. La razón, privada de la aportación de la Revelación, ha recorrido caminos secundarios que tienen el peligro de hacerle perder de vista su meta final. La fe, privada de la razón, ha subrayado el sentimiento y la experiencia, corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal. Es ilusorio pensar que la fe, ante una razón débil, tenga mayor incisividad, al contrario, cae en el grave peligro de ser reducida a mito o superstición. Del mismo modo, una razón que no tenga ante sí una fe adulta no se siente motivada a dirigir la mirada hacia la novedad y radicalidad del ser”.

Esta es, en síntesis, la esencia de la carta encíclica Fides et ratio.

Frente a un tema tan complejo, el pensamiento del Papa es clarísimo, según los expertos.

La Encíclica supera de manera decisiva las posiciones radicales del cientificismo y del fideísmo. Los cientificistas creen sólo en la razón, negando la fe: los fideístas hablan sólo de la fe y ven la razón como un peligro mortal.

El Papa, por el contrario, se coloca en la tradición de la Iglesia que ya con San Agustín y Santo Tomás de Aquino hablan de la fe y de la razón como dos realidades llamadas a vivir necesariamente en armonía. “La fe y la razón –escribe al inicio de la encíclica- son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”.

Tras recorrer las etapas históricas que han llevado a la separación entre la fe y la razón, Juan Pablo II afronta los peligros modernos, entre los cuales se encuentra en cientificismo, el pragmatismo y el nihilismo.

“Los éxitos innegables de la investigación científica y de la tecnología contemporánea han contribuido a difundir la mentalidad cientificista, que parece no encontrar límites”, afirma el pontífice y añade: “Esto lleva al empobrecimiento de la reflexión humana... La mentalidad cientificista ha conseguido que muchos acepten la idea según la cual lo que es técnicamente realizable llega a ser por ello moralmente admisible”.


b) Auténtica esclavitud

“No menores peligros conlleva el pragmatismo – alerta el Santo Padre -, actitud mental propia de quien, al hacer sus opciones, excluye el recurso a reflexiones teoréticas o a valoraciones basadas en principios éticos”. Cientificismo y pragmatismo llevan al nihilismo que, según considera el Pontífice, “aun antes de estar en contraste con las exigencias y los contenidos de la palabra de Dios, niega la humanidad del hombre y su misma identidad”. La conclusión es dramática: “Una vez que se ha quitado la verdad al hombre, es pura ilusión pretender hacerlo libre. En efecto, verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente”.

Este camino conduce inexorablemente a la desesperación: según esta teorías, “el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente; el hambre ya debería aprender a vivir en una perspectiva de carencia de total sentido, caracterizada por lo provisional y fugaz. Muchos autores, en su crítica demoledora de toda certeza e ignorando las distinciones necesarias, contestan incluso la certeza de la fe”. Según Juan Pablo II, “han llevado la investigación filosófica a perderse en las arenas movedizas de un escepticismo general”. Constata que: “La legítima pluralidad de posiciones son igualmente válidas. Este es uno de los síntomas más difundidos de la desconfianza en la verdad que es posible encontrar en el contexto actual”. Y concluye: “En consecuencia, han surgido en el hombre contemporáneo, y no sólo entre algunos filósofos, actitudes de difusa desconfianza respecto de los grandes recursos cognoscitivos del ser humano”.


c) Defensa ante la dictadura tecnológica

Por esta razón, el Santo Padre considera que “para estar en consonancia con la palabra de Dios es necesario, ante todo, que la filosofía encuentre de nuevo su dimensión sapiencial de búsqueda del sentido último y global de la vida. Esta primera exigencia, pensándolo bien, es para la filosofía un estímulo utilísimo para adecuarse a su misma naturaleza.

En efecto, haciéndolo así, la filosofía no sólo será la instancia crítica decisiva que señala a las diversas ramas del saber científico su fundamento y su límite, sino que se pondrá también como última instancia de unificación del saber y del obrar humano, impulsándolos a avanzar hacia un objetivo y un sentido definitivos.

Esta dimensión sapiencial se hace hoy más indispensable en la media en que el crecimiento inmenso del poder técnico de la humanidad requiere una conciencia renovada y aguda de los valores últimos.

Si a estos medios técnicos les faltara la ordenación hacia un fin no meramente utilitarista, pronto podrían revelarse inhumanos, e incluso transformarse en potenciales destructores del género humano”.


d) Saber orgánico

Juan Pablo II termina lanzando una llamada a los filósofos para que “profundicen en las dimensiones de la verdad, del bien y de la belleza, a las que conduce la palabra de Dios”. El Pontífice expresa su admiración por los científicos: “Valerosos pioneros de la investigación científica, a los cuales la humanidad debe tanto de su desarrollo actual”, y les exhorta “a continuar en sus esfuerzos permaneciendo siempre en el horizonte sapiencial en el cual los logros científicos y tecnológicos están acompañados por los valores filosóficos y éticos, que son una manifestación característica e imprescindible de la persona humana”.


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[1] Transcurridos más de 100 años, desde la Encíclica Aeterni Patris del Papa León XIII (Agosto 4 de 1879), la Fides et ratio propone nuevamente el tema de la relación entre fe y razón o, más bien, entre teología y filosofía.

[2] La libertad no es simplemente la capacidad de cumplir elecciones indiferente o intercambiables, sino que posee una orientación hacia la plenitud, la vida plena que la persona debe conquistar con el ejercicio de su libertad, pero del modo justo (recta ratio).