En todos los ambientes del mundo actual se reconoce la benéfica y necesaria labor del médico y de sus colaboradores en la defensa de la vida, la salud y la integridad de la persona. Es más, en la vida cristiana se hace referencia a que la profesión del médico tiene la dimensión de vocación, es decir, llamada de Dios y de la humanidad que urge estos servicios.
En la Biblia, se menciona frecuentemente que Jesucristo se acercó y recibió a los enfermos que imploraban la salud, a los cuales no solamente sanó, como una obra maravillosa, sino también, y sobre todo, les aumentó la fe y les concedió lo más grande: el perdón de sus pecados y la salvación que esperaban (Cf. Mt 9,1-13 : curación del paralítico).
La Iglesia, considerando la noble y necesaria labor del médico, ha hecho referencia de que Jesucristo, el Médico Divino, sigue actuando a través de los profesionistas que ejercen abnegada y valientemente la Medicina, como instrumentos de Dios para sanar el cuerpo, la mente y el espíritu.